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Nota: Te recomendamos que leas este artículo después de haber visto la película.
"Supongamos que existiese un mundo como Narnia.... y supongamos que Cristo quisiese ir a ese mundo y salvarlo (como en efecto lo hizo con nosotros) ¿qué pasaría entonces?" (C.S. Lewis)
La primera entrega de la película basada en la saga de libros del inglés Clive Staples Lewis (más conocido como C.S. Lewis) se asoma estos días a la cartelera de nuestros cines. En plena temporada de competencia cinematográfica y en la época más propicia para el público infantil, la productora Walt Disney presenta la adaptación al cine del primero de los siete cuentos infantiles escritos por el genio literario de Oxford.
La situación bélica que vive Londres debido a la Segunda Guerra Mundial obliga a cuatro hermanos (dos chicos y dos chicas) a refugiarse en la casa de un misterioso profesor que vive aislado de la gran ciudad. Un juego infantil lleva a Lucy (la hermana menor de los cuatro) a descubrir el guardarropa en una habitación, en lo que será la puerta de entrada al mundo de fantasía de Narnia, donde el humano es la especie extraña ante la total normalidad de la existencia de faunos, unicornios, centauros, leopardos, lobos, castores… que tienen la capacidad de interactuar con los hermanos usando su mismo lenguaje.
Desde los primeros compases de esta película, se puede comenzar a extraer el paralelismo que el autor literario quiere exponer. Este mundo fantástico de Narnia, al que se accede a través del armario, representa el mundo espiritual en que todo ser humano sin excepción se encuentra inmerso, que coexiste con el mundo material, en este caso, lo existente fuera de dicho armario. Lucy es la primera de los hermanos en acceder a Narnia y tan pronto termina su primera experiencia corre a comunicársela a sus hermanos. La lógica les sirve a los hermanos para argumentar su incredulidad siendo la razón por la que rechazan lo que oyen. El hecho de acercarse más tarde al armario con la predisposición de no creer lo que han oído, evidentemente, les hace no encontrar nada más que un armario en el que hay unos cuantos abrigos, sin mayor trascendencia. Las limitaciones auto-impuestas por los los propios hermanos consiguen “cegar” sus propios ojos, excepto los de Lucy, que sigue creyendo firmemente que Narnia existe. Explicándole los dos hermanos mayores (Peter y Susan) al enigmático profesor lo sucedido, se produce el siguiente diálogo:
Susan: ¡Lucy dice que dentro de ese armario hay un mundo fantástico! Profesor: Y…¿no le creéis? (“rompiendo una lanza” a favor de la pequeña) Susan: Evidentemente, no, ¡es cuestión de lógica! Profesor: ¿Pero qué enseñan a estos niños hoy en dia en el colegio? (Exclamando para si)
Una serie de acontecimientos hace que, finalmente los cuatro hermanos se introduzcan de lleno en este mundo de Narnia en el que se distinguen claramente dos actitudes en los seres que lo pueblan, que a partir de ahora identificaremos por el paralelismo como seres únicamente espirituales, al servicio de dos figuras: la de la Bruja Blanca, una Engañadora que representa al mal o la figura alegórica de Satanás y, por encima de esta, un noble león llamado Aslan, que vuelve a su Tierra para recuperar el trono que le pertenece legítimamente. Los niños (llamadas “hijos de Adán”) y las niñas (llamadas “hijas de Eva), oyen de cómo Aslán, el legítimo heredero prepara su enfrentamiento con la Bruja Blanca. Contándoles el castor acerca de quién es Aslan, se refiere a él diciendo: “Él es todo lo que habéis soñado”.
Pero es en ese momento de la trama cuando Edmund, el tercer hermano, que previamente ha sido “seducido” por la materialidad que le ofrece la Bruja Blanca (traducida en dulces delicias turcas, en un encuentro fortuito que mantienen cuando Edmund pisa por primera vez Narnia ) y en clara representación de lo que es, un humano, resuelve servirle a ella viéndose sometido a una vida de esclavitud, de la que ya sólo Aslan es capaz de sacarle. Ante esta dirección que toman los hechos, los hermanos deciden confiar plenamente en Aslan para recuperar a su hermano extraviado, Edmund.
Una vez de vuelta Edmund, y antes de poder volver a abrazar a sus hermanos, mantiene una conversación a solas con Aslan (de la que no se puede oir absolutamente nada, es algo íntimo entre ellos dos) que sin duda, le marcará para el resto de los días; apreciándose un cambio de actitud radical, hasta el punto de arriesgar su vida por permanecer del lado de Aslan. Por el símil anterior, esto es la confrontación de cada persona que pisa esta Tierra con el Señor Jesucristo, la posibilidad de mantener una relación con el Salvador, en la que personalmente cada cual decide que dirección tomar. Es el propio Aslan quien se dirige a los otros tres hermanos (una vez acabada su charla con Edmund) para recordarles que El era quien debía de perdonar a Edmund y con todo lo ocurrido en el pasado, así lo ha hecho, por lo que no quiere que ese pasado sirva de elemento para juicio. De igual manera nos trató el Señor; a pesar de la maldad del humano, decidió darle la oportunidad perdonándole y olvidando el pasado.
Pero no todo queda ahí, la Bruja Blanca es la propietaria de esa traición y así es como se presenta ante Aslan para reclamar su derecho sobre la misma, su legítima posesión por haber permanecido Edmund ligado a su voluntad por un tiempo. Es entonces cuando Aslán toma una decisión que no dejará de sorprender a nadie; Edmund queda totalmente liberado de ese derecho que pertenecía a la Bruja Blanca pero a cambio, Aslan cumple lo acordado en su plan, dar su propia vida por Edmund. Así, esa misma noche Aslan se dirige hacia los dominios de la Bruja Blanca, dispuesto a consumar su obra. Es entonces cuando se puede apreciar la escena mas dura de la película, Aslan se ve expuesto a la mofa, al escarnio, a un clima de odio extremo de sus enemigos hacia Él, hasta alcanzar el altar donde será sacrificado. La Biblia narra esta situación, a la que el propio Jesús se vio expuesto:
“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero; como una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, no abrió su boca.” Isaías 53:7
La pequeña Lucy, escondida con su hermana Susan, observa la escena y exclama angustiada y emocionada, en un comentario que puede considerarse legítimo: "¡Por qué no se defiende!"
Ella es conocedora del poder que tiene para hacerlo así, pero lo que ignora es que el plan que Aslan ha escogido es ese, y no hay otro mejor; en sí, es perfecto.
Una vez en el altar la Bruja Blanca se dirige a El en una última mofa confesándole que lo que esta haciendo es un gran error, que ha dado su vida “por amor” (palabras literales) y ha dejado a los suyos, a partir de ese momento a su merced. Aslan continúa mudo, hasta el momento de su sacrificio.
“Ciertamente llevo él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros le tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios. Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados.” Isaías 53:4-5
Especialmente explícito es el paralelismo que se observa tras esta escena. Una vez muerto y consumada la obra, en los albores de la batalla que enfrenta a las fuerzas del bien con las huestes del mal, se produce un temblor de tierra; se observa como las piedras se parten y en medio de este acontecimiento se puede observar a Aslan resucitado de los muertos. (ver lo ocurrido a la muerte de Jesús en Mateo 27:51) De la misma manera la Biblia se refiere a Jesús:
“Y Dios lo levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuera retenido por ella” Hechos 2:24
Pues Aslan/Jesús, es el único ser que no ha cumplido el requisito necesario para tener muerte como toda persona; el pecado. Y precisamente por alcanzar la perfección, la muerte no puede alcanzarlo a El.
En esos instantes se esta iniciando la batalla ya citada, en la que curiosamente se aprecia como Peter lidera a los fieles a Aslan, “respaldado” por todos ellos (seres espirituales, recordemos) haciendo frente a la Bruja Blanca y todos sus seguidores q también son entes meramente espirituales continuando con el paralelismo. Esta situación es el marco perfecto de expresión de lo que Pablo escribe en la Biblia a los habitantes de Éfeso:
“ porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”
Efesios 6:12
Peter lucha por lo que el ha entendido y creído, y así lo declara arengando a las tropas antes de la batalla: - ¡¡Por Aslan!! – exclama lanzándose a la batalla.
Realmente su motivación para pelear “la buena batalla” (que no es contra carne, como hemos leído) es Aslan, es Jesús y no otra cosa.
El desenlace es el fin de la batalla y de la Bruja Blanca llevado a cabo por el mismísimo Aslan. Tras la victoria final, Aslan se encarga de restaurar a todo aquel que ha permanecido fiel hasta el momento de la muerte, y mediante el “soplo de su aliento vital”, vuelven a vivir las personas que así han permanecido, en lo que alegóricamente sería el nacimiento para una vida eterna, como promete Jesús. (Si bien esto se debería aplicar a los humanos, y no a los seres espirituales) Durante la película se pueden ver ejemplos de lealtad y cómo después Aslan se encarga de cumplir su promesa tomando mayor valor las palabras de la Biblia:
“El que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por cause de mí, la hallará” Mateo 10:39
Claramente aquí se expresa que todo aquel que quiso salvarse, traicionando a Aslan y sirviendo a la Bruja Blanca (que era la que aparentemente parecía vencer a Aslan), pierde la vida. Sin embargo, Aslan es fiel para acordarse de aquellos que han tenido en poco su vida, con tal de no traicionar lo que creyeron y a Quien creyeron (el fauno Tumnus es ejemplo de ello). De la misma manera Jesús premiará la lealtad:
“El que persevere hasta el fin, este será salvo” Mateo 10:22
La coronación de los hermanos (para los que Aslan tiene un nombre específico y nuevo), hechos herederos y partícipes de su Reino cierra esta aventura:
“El vencedor heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo” Apocalipsis 21:7
Aslan, cumplida su misión, desaparece caminando por la playa hasta el horizonte. (o Jesús ascendió al cielo, hasta que vuelva a bajar en su segunda venida, gloriosa y de la que no habrá ninguna duda:
“Todo ojo lo verá" Apocalipsis 1:7
En el apéndice de la historia, cuando ya están de vuelta los hermanos a la casa (donde curiosamente sólo ha transcurrido un lapso de milésimas de segundo), el profesor en una conversación con los hermanos, más tarde, asevera:
- "¡Estad atentos porque nunca sabéis cuando va a regresar!¡ Mantened los ojos bien abiertos!"
“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir” Mateo 25:13
La película se despide con la puerta del armario abriéndose con una penetrante luz detrás, en lo que claramente expresa, que al final de todo esto, el autor declara la esperanza que tiene (y que confiesa Jesús mismo): Que algún día, estando todos nosotros en vida o no, volveremos a ver al mismo Jesús (o Aslan) que murió en esa cruz (o ese altar) sacrificando su vida para salvarme a mi, para salvarte a ti, para salvar a cualquier Edmund si tan solo esta dispuesto a creer que así fue, con las consecuencias que ello conlleva. Él volverá para cumplir su promesa en todo aquel que haya esperado en Él.
Aslan (Jesús) cumplió su misión, tu parte es creerla o no.
La verdad no está por eso en otra iluminación que aquella que la razón descubre por la luz del Espíritu Santo. La Biblia es una “lámpara que alumbra nuestro camino, mostrándonos la senda a seguir” ( Salmo 119:105), pero lo hace por medio de “la renovación de nuestro entendimiento” ( Romanos 12:1). La mente cristiana no se ocupa por lo tanto sólo de asuntos “religiosos”. A pesar de la actitud anti-intelectual de algunos círculos evangélicos, la Biblia nos enseña que el conocimiento es indispensable para la vida cristiana. Si no usamos la cabeza que Dios nos ha dado, no le damos el culto al Creador que se merece. Es por eso que el cristiano debe amar a Dios “con toda su mente” ( Juan 4:24; Lucas 10:27). Y es por eso que no necesitamos menos, sino más ciencia, para poder glorificar mejor a Dios, que es el Creador de todas las cosas.
*Andrés Martín, 2005, Valencia, España
*Andrés Martín es un joven universitario que asiste y colabora activamente en la iglesia cristiana evangélica en c/Agustina de Aragón, 53.
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