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Las Parábolas (II)   Por J. Tenés  


1. Introducción

2. Llegada del Reino

3. Orígenes y Desarrollo

4. Recepción del Reino

5. Sin engaños en el Reino

6. La Preciosidad del Reino

 

 

1. Introducción:

Vamos a obviar la discusión entre distintas escuelas de interpretación, en relación con los términos “reino de Dios”, “reino de los cielos”; aparte de algunos matices, podemos decir que ambos significan lo mismo el hecho de que, preferentemente, al referirse a él, Mateo lo designe como “reino de los cielos” (Mt. 13: 24, 31, 33) en contraste con Lucas que lo designa por “reino de Dios” (Le. 13:20), puede justificarse en el hecho de que Mateo, por ser judío, es muy remiso en el uso del nombre Dios. Insisto en que si decimos que ambos nombres significan lo mismo, estamos acertando, aunque si hiciésemos un estudio más concienzudo podríamos encontrar algunos matices diferenciadores que le pueden conferir al reino, el designarlo como “de Dios” ó de “los cielos”. Una definición de Reino de Dios, debe de excluir la idea de autoridad, no porque no esté implícita la autoridad de Dios, sino porque no es esa la cualidad que lo hace deseable para el hombre lo que Cristo enseñó con respecto al Reino, hizo que fuera lo más atrayente y deseable para el hombre; podríamos definir el Reino de Dios como “la esfera donde se vacía totalmente la Gracia de Dios, manifestándose el amor de Dios en toda su infinita grandeza”. Y siendo así tiene su clímax con la aparición de Jesucristo, por eso las predicaciones de Jesús y del Bautista señalan la cercanía del Reino (“Arrepentios porque el reino de los cielos se ha acercado” Mt. 3: 2; “Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” Mt. 4: 17). Jesús enfatiza la realidad de la presencia del reino, que ha tenido su inicio con su aparición, en cumplimiento de lo profetizado en Is. 29: 18-19: 35: 5-6 y 61: 1-2, diciendo a los discípulos enviados por el Bautista, que está en la cárcel, que sus hechos milagrosos son la confirmación y sello del reino que se ha implantado y está entre los hombres (Mt. 11:5: Le. 7: 22). Ahora bien, en la presentación del reino hay un “ya” y un “todavía no”, hay una vivencia real, se ha implantado por la aparición del Rey, pero falta una consumación definitiva, que tendrá lugar con la segunda aparición gloriosa del Rey. Pero en el evangelio está más enfatizada la implantación del reino y su realidad presente: de ahí que Jesús dé a entender que lo que están viendo sobrepasa a lo profetizado: es decir, las esperanzas que generan aquellas profecías han quedado ampliamente superadas por la realidad, Dios nunca defrauda! Y esto es motivo de júbilo porque ¡ha l1egado la hora! y el Reino -la manifestación del poder, el amor y la Gracia de Dios- son evidentes en mi persona, viene a decir Jesús. Y el Señor se valió de las ocho parábolas del reino para presentar magistralmente distintos aspectos del mismo. Las parábolas y sus citas son:

 

- Labrador paciente (Mc. 4:26-2 9)

- Levadura y grano de mostaza (Mt. 13: 31-33; Mc. 4:30-32; Le. 13: 20)

- El sembrador (Mt. 13: 3-8; 18-23; Mc. 4:3-8; Le. 8: 5-8)

- La cizaña en el trigo y la red (Mt. 13: 24-30; 47-50)

- El tesoro y la perla (Mt. 13: 44; 45-46)

 

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2. El Reino viene por el poder de Dios, no por esfuerzo humano:

Corresponde a la parábola del labrador paciente ó la semilla que crece por sí sóla (Mc. 4: 26-29).   El hombre quiere ayudar a Dios contra los poderes infernales, opuestos a la implantación del Reino. Los patriotas zelotes, empeñados en una lucha de guerrillas contra el Imperio Romano, tenían la pretensión de ser el brazo de Dios para la implantación del Reino. Por lo menos uno de los apóstoles fué extraído de este grupo guerrillero; pero, con toda seguridad, eran muchos los seguidores de este movimiento que seguían a Jesús urgiéndole a implantar el Reino, tal como ellos lo concebían y, por supuesto, que su puñal, su inteligencia, su vida estaba a disposición de la causa. Pero, incomprensiblemente, Jesús retrasa este acontecimiento, por no entender que ha llegado la hora de la acción: a qué espera?. Han olvidado, ó no quieren aceptar lo que el Señor había manifestado a Zorobabel: “Esta es la palabra de Jehová para Zorobabel: No con ejército, ni con fuerza, sino con mí espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac. 4: 6). El Señor responde a su equivocada convicción de la forma de implantar el Reino de Dios (su concepto de reino de Dios, radicalmente distinto del evangélico, enseñándoles por medio de esta parábola de contraste: El Señor les enseña que no viene el Reino en virtud de los esfuerzos humanos. El Señor, en la parábola, expone la impotencia del labrador para acelerar el crecimiento él no conoce las complejas reacciones biológicas por las que el grano se transforma en planta y se desarrolla hasta su total maduración; para él es un misterio y milagro de Dios: por lo tanto se limita a confiar y esperar en el poder de Dios. Y su esperanza no queda defraudada, y un día tiene lunar la cosecha. Pero, ¡ha sido Dios el artífice! De la misma manera sucede con el reino de Dios!

 

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3. Los orígenes y el desarrollo del Reino:

Parábolas de la levadura y del grano de mostaza, Jesús, con ellas, enseña que todo lo que tiene que ver con la obra de Dios es tremendamente sorprendente y, generalmente, paradójico. El empeño está puesto en subrayar la insignificancia de los origenes del Reino. El pueblo hebreo tuvo un origen muy humilde; Israel fué hijo de un extranjero y, además, peregrino, apátrida; después se transformó en una raza de esclavos en un país extranjero. Este había sido el origen del pueblo de Dios. Jesús actualiza este hecho histórico aplicándolo al Reino de Dios. ¿Qué es el reino de Dios, en aquellos días, en sus origenes? Y ¿quién es su pretendido fundador?. Humanamente hablando, no es nadie. Es una persona de baja clase social, obrero manual de un pueblo que vive esclavizado. Y ¿sus colaboradores? ¿sus seguidores?; a los súbditos del Reino se les podía aplicar la descripción que San Pablo dió de los miembros de la iglesia en Corinto: “Considerad, pues, hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, afin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Cor. 1: 26-28). Pero Jesús profetiza el milanro que se va a operar, con independencia de lo humanamente disponible, de lo que, por otra parte, vista su insignificancia, nada se puede esperar. Pero ¿acaso no son sueiios de grandeza, de un megalómano, la pretensión de instaurar el reino de Dios?. Aunque su popularidad creció de forma fulgurante, entre las capas más bajas y oprimidas, con disgusto de las capas dirigentes, se desvaneció rapidaniente y aún sus más estrechos colaboradores, a excepción de un grupo muy reducido, desilusionados, le abandonaron totalmente. Y hasta ese grupo de íntimos le abandonó cuando, las autoridades pusieron fin a sus sueños de grandeza, clavándole en una cruz, muerte de esclavo. ¿Podían ser más insignificantes y despreciables, visto humanamente, los orígenes de ese supuesto reino de Dios que Jesús viene a implantar?

Sin embargo, Jesús se atreve a profetizar que de esta insignificante y humilde semilla va a brotar un fruto imprevisible, increible por su grandeza descomunal. Y lo expone, magistralmente, con estas dos parábolas de contraste, la de la mostaza y la de la levadura. Según Joaquín Jeremías, el inicio de las parábolas debiera ser así: “Sucede con el reino de los cielos, como con un grano de mostaza... ó “un trozo de levadura”. En ambas Jesús plantea la insignificancia del origen y los resultados. Con relación a la mostaza, su simiente no es mayor que la punta de un alfiler, sin embargo, de ella nace un arbusto que, seguramente, es el mayor de los arbustos; en el lago de Genezaret llegaban a alcanzar hasta 2,5 6 3 m. de altura. Y, en relación con la levadura, un trozo muy pequeño, se escondía en las tres medidas, hasta 40 litros, que era la masa para el pan de 100 personas; se tapa con un paño y a la mañana siguiente toda la masa está leudada. Es evidente que, como hemos anteriormente, se trata de parábolas de contraste y su sentido es claro: De los comienzos más insignificantes, de lo que el mundo desprecia Dios crea un reino que abarca todo el mundo (éste es el sentido del árbol al que vienen todas las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”). Pero aquel reducido, insignificante, despreciable grupo, humanamente hablando, ¿podía ejercer alguna influencia en el mundo?. El secreto es: ¡La omnipotencia de Dios!. Es de destacar que, en ambos casos, la semilla de mostaza y la levadura, hay una muerte, sepultura y, de ellas, surge la vida, la transformación.. .Hay quien ve en el árbol una imagen del poder terreno (Dan. 4; Ez. 31) y en la levadura un símbolo de malicia y maldad (iCor. 5: 6-8). Jesús, en estas parábolas, tuvo la audacia de darles una aplicación radicalmente distinta.

 

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4. La recepción del Reino. Las dificultades para la recepción del Reino. El triunfo del Reino:

Parábola del sembrador. Para un labrador occidental, de nuestra generación actual, puede parecer que el sembrador de la parábola es muy descuidado en su labor, sembrando a voleo. Esta parábola es una alegoría, fundamentando esta afirmación en la interpretación alegórica que, de la misma, dió el Señor. De una lectura atenta podemos sacar tres conclusiones, a saber: 1.- La recepción del Reino depende de la actitud de los hombres, alegorizados por los distintos tipos de terreno, donde cae la semilla. Los vs. 18-23 recogen la explicación del Señor; es evidente que la semilla es la misma, el sembrador es el mismo, en todos los casos; sin embargo, el fruto es distinto, desde ninguno a 100 por uno, dependiendo del suelo en que ha caido la semilla. 2.- Es descorazonador comprobar las dificultades que van a encontrar las semillas para germinar y desarrollarse hasta llegar a su maduración para ser: Aves, cardos, sol, siroco (viento cálido, tórrido), langosta etc.. Pero el labrador no se desilusiona. 3.- En contraste con todas estas dificultades, la parábola concluye con un final triunfante, presentando una cosecha sorprendente, pues en el caso más pobre, que corresponde a la relación 30/1, es un resultado excepcional es una hipérbole, y puede querer hacer referencia a la plenitud escatológica que, sin duda, ha de rebasar todo cálculo humano. Posiblemente, la parábola es una respuesta a las dudas del éxito de la predicación. Aunque mucho del trabajo se perderá, por los fracasos que, sin duda, van a haber, con esta parábola Jesús quiere contagiar su entusiasmo y la seguridad de que, a pesar de unos comienzos que no dan lugar a la esperanza, llegará la cosecha que sobrepasará los cálculos más optimistas. .En definitiva, el éxito está garantizado porque Dios está absolutamente comprometido en todo el proceso: en principio, la semilla es la Palabra de Dios y El dice que “..mi Palabra no volverá vacía” gs. 55: 11). Es ésta, por tanto, una parábola de esperanza y alegría, que nos anuncia que viene la hora de Dios y con ella una cosecha que supera las esperanzas más optimistas. De unos comienzos sin esperanza, sume un magnífico final, porque la semilla y el poder es de DIOS

 

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5. No puede haber engaño en el Reino de Dios:

Parábolas de la cizaña y de la red. La primera es una alegoría. Ambas son escatológicas, pues están referidas a la hora de la verdad, cuando nada podrá esconderse. En la vida de la Iglesia, y de los creyentes en particular, hay sinceridad é hipocresía, verdadera y falsa religiosidad, conviviendo, como consecuencia de la falsa semilla que nace y crece entre la buena. El pueblo de Dios puede estar oculto entre los falsos creyentes. El verdadero creyente puede sentirse confuso, no encontrando respuestas a preguntas como ¿por qué lo permite Dios? ó ¿acaso no ha podido El impedir que se cuelen dentro de la Iglesia?. Estas dos parábolas son respuestas contundentes, a multitud de preguntas. De las mismas se deben destacar, como más sobresaliente: 1.- Solamente Dios conoce el corazón y, por lo tanto, solamente El puede discriminar entre lo verdadero y lo falso. El hecho de que el Señor escogiera la cizaña, es debido a que la cizaña no es meramente, inútil, sino nociva, cuando su grano, molido, se mezcla con el del trigo. Contrasta, por tanto, la bondad del trino con la nocividad de la cizaña:

Y, sin embargo, pueden nacer y crecer juntos, sin diferencia notable hasta que aparece la espiga. Hasta que alcanza ese estado, el labrador dificilmente puede distinguir una del otro; pero Dios, sí puede. La pregunta es obvía: ¿Por qué no la desarraiga? . 2.- Dios no tiene prisa y, sin embargo ¡nunca llena tarde!. El actuará cuando se colme la medida, y ésto tendrá lugar en la siega, cuando la espiga, que es el fruto será absolutamente visible. Pero la espiga es visible antes de la siega, ¿por qué esperar a la siega?. Si se pretende extirpar la cizaña habría que estirar de la planta y, como sus raices están entrelazadas con las del trigo, con la cizaña se arrancaría, también, trigo. Por eso, este cometido queda para los segadores, que lo ejecutaran perfectamente.

Igualmente, en la oscuridad de la profundidad del mar, la red atrapa multitud de peces. El pescador, cuando saca la red, selecciona lo bueno, comestible, de lo que no lo es y que, por lo tanto, es arrojado. Sin duda, ¡nada falso, nada espúreo, podrá pasar!.

 

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6. La preciosidad del Reino:

Parábolas del tesoro y de la perla. Sugieren, al menos, tres pensamientos: 1.- La preciosidad del Reino “per se”. No hay nada comparable a él; todo palidece junto a él. .Sin embargo,en nuestro mezquino mundo, espiritualmente hablando, el Reino de Dios, el tesoro, es rechazado porque el hombre se conforma con la escoria. Esto lo corrobora magistralmente el profeta Jeremías, al decir que en la alternativa de elección, el hombre, motivado por una actitud de rechazo absurda, opta por rechazar a Dios (Jer. 2: 12-13). 2.- El encuentro del Reino. Puede ser: a) Casual, como el que encuentra un tesoro, (la parábola no juzga la legalidad del hecho porque, en aquella época, no obligaba a buscar al propietario anterior; este hecho de encontrar tesoros era, además muy corriente en la Antigüedad, pues, en caso de guerra se recurría a enterrar los tesoros..). La experiencia de muchos es que Dios les ha puesto en su camino este tesoro del Reino, sin ellos buscar nada (Js. 65:1) ¡ Cuantas gracias debemos dar a Dios que nos ha enriquecido infinitamente, sin merecer ni haber hecho absolutamente nada! b) Como consecuencia de una búsqueda. Está representada en el traficante de perlas. Este es su negocio y a él dedica su vida. Semejantemente, para muchos, el encuentro del Reino es el resultado de una búsqueda, no exenta de fracasos, frustraciones, desilusiones, pero, cuando desfallecen y dudan de que esa perla pueda existir, aparece en su vida. Naturalmente, Dios, no es que, meramente, se deja encontrar, sino que sale al encuentro del hombre que le busca. En definitiva. ¿quién busca a quién? y quién es más eficaz en su búsqueda? (Jer. 29: 13-14). 3.-La actitud del que encuentra el tesoro. Sentirse “lleno de alegría “. El énfasis de la narración no está puesto en la renuncia a todo lo que posee a cambio de la perla, sino en el gozo que le embarga y que le lleva a realizar heroicidades, que para él, son absolutamente lógicas, porque la belleza del tesoro encontrado le subyuga y todo lo que tiene, comparado con éste, no vale nada y, por tanto, está dispuesto a entregarlo por poseerlo. Contrasta este personaje de la parábola con el de carne y hueso que un dia se encontró con el tesoro por excelencia, El Señor Jesucristo, y a la invitación de venderlo todo para seguirle, se fué triste. (Lc. 18:18-25).

...CONTINUARÁ...

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Este estudio corresponde a la segunda  parte de un ciclo de charlas de J. Tenés (consejo de pastores) dadas en la Escuela Bíblica para adultos de nuestra congregación. Si estás interesado en conocer más de la Biblia escríbenos sin ningún compromiso.

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