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El Año que viene

El año que viene Por R. Rodrigo


  El 2005 se nos escapa como el agua entre los dedos, sin que podamos hacer nada para evitarlo. Ante esta situación, los medios de comunicación se apresuran a hacer balance del ano que acaba, contándonos lo bueno y lo malo que ha acontecido. Al mismo tiempo, los adivinos y demás de ese grupo, se apresuran a lanzar sus predicciones para el nuevo año, y un gran numero de personas acuden a consultarles para así, hacer frente al nuevo año. Porque lo desconocido, lo nuevo, produce miedo, inseguridad, angustia, incertidumbre.

 

Él predicador del Eclesiastés nos enseña: "En el día del bien goza del bien, y en el día de la adversidad, reflexiona. Otos hizo tanto el uno como el otro, a fin de que el hombre no sepa qué trae el futuro." (Ecles. 7:14). Es decir, el futuro es de Dios y en sus manos está. Así lo expresa el salmista: "En tu mano están mis tiempos" (Sal. 31:15), y nuestra responsabilidad es recibir esos tiempos o circunstancias con mansedumbre y humildad de corazón, tal como lo enseñó Jesús: ..."Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis des­canso para vuestras almas" (Mat. 11:29).

 

Esta mansedumbre de la que habla Jesús, no es otra cosa que la docilidad a la voluntad de Dios y la humildad de corazón, la ausencia de soberbia frente al designio divino.

 

Que nuestros tiempos o nuestro futuro esté en la mano de Dios, no debe asustarnos, sino al igual que el salmista, provocar en nosotros una auténtica sensación de confianza. Porque la mano de Dios es la mano del amor, la mano del sostén, la mano de la caricia, la mano de la Identificación con el pecador.

 

Cuando el leproso suplica: "si quieres puedes limpiarme,. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: Quiero, se limpio" (Mat. 8:2-3).

 

Cuando el Impetuoso, pero auténtico Pedro comenzó a hundirse en el agua y gritó "¡Señor sálvame!", Jesús extendió la mano, lo sostuvo.

 

Y finalmente, es el Cristo resucitado, el que enseña y dice: "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy" (Luc. 24:39).

 

Pues bien, son esas manos taladradas, prueba inequívoca de su amor por ti y por mí, las que sostienen, controlan y deciden nuestro presente y nuestro futuro, que no es otro que la compañía constante de nuestro Maestro. "Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". (Mat. 28:20).

 

Feliz año nuevo en las manos amorosas de nuestro bendito Salvador

 

 

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