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Los Desastres Naturales: terremotos, tsunamis,...

Desastres Naturales Por Rubén D.


  Los últimos meses están siendo un continuo aluvión de noticias trágicas y desconcertantes que nos están recordando cruelmente que la existencia del hombre y del cosmos esta sujeta a la muerte y al dolor.

 

Cada terremoto, cada tsunami, cada inundación, cada huracán, cada erupción volcánica, es un borboteo violento del planeta azul, el planeta donde bulle la vida.

 

La condición que hace posible la existencia misma de la vida en nuestro mundo, es precisamente esa inestabilidad, los retortijones de las entrañas vivas de esta Tierra.

 

La esencia misma de la vida en nuestro mundo es la dinámica cíclica Vida-Muerte. La semilla que muere da vida a otra planta, el depredado da vida al depredador, el cataclismo que mata genera nuevos escenarios para el brote de nueva vida y a su vez de nueva muerte.

 

Acertadamente San Pablo describió este fenómeno como una dinámica de Vanidad-Fracaso:

"Porque la creación fue sujetada a vanidad (fracaso), no por su propia causa sino por causa del que la sujetó en esperanza" . Romanos 8:20

 

Quizá sea esta una de las grandes lecciones que el Sostenedor de la Vida quiere que perciban los que nos enseñoreamos de la creación; esto es, que somos provisionales, inestables, caducos y nada de lo que hay en este cosmos "nuestro" nos pertenece, cada catástrofe es un anuncio ensordecedor que grita a nuestros corazones diciendo que si esta vida tiene algún sentido, es precisamente morir dando vida a otros.

 

Algunos, propondrán otras valoraciones para justificar a Dios frente a estas conmociones naturales. Unos hablarán del Juicio de Dios a determinados colectivos por su manifiesto pecado. Otros verán en ello señales propias de los "Últimos Tiempos" y otros afirmarán que tales desastres son la venganza de la Madre Naturaleza contra aquellos que constantemente atentan contra ella.

 

Todas estas opiniones son respetables y respetadas, no obstante adolecen de ser parciales, no abordan la realidad en su totalidad y por tanto merecen ser matizadas.

 

Sobre todo al  afirmarlas deberíamos estar libres de todo espíritu de juicio hipócrita, para no caer en el error de aquellos que abordaron a Jesús diciendo:

"Rabí, ¿Quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?".  Juan 9:2

 

Por tanto, no seré yo quien aquí intente dilucidar que colectivos manifiestamente pecadores merecen más el castigo divino que otros, ni quien es mas pecador, el "otro" o yo.

 

Si a las catástrofes naturales sumamos aquellas que provocamos incansablemente los reyes humanos de la creación, tendremos una larguísima lista de guerras, hambres, represalias, atentados, violencias, ignorancias, fanatismos, ….etc., en definitiva de vanidad, frustración, decadencia y muerte.

 

De modo que necesariamente nos preguntamos .. ¿Qué clase de Mundo es este?  …. ¿Quién de nosotros hubiera pedido venir aquí?.

 

Es una pregunta sin sentido para cualquiera de nosotros, ya que nadie pudo elegir nacer ni escoger donde; sin embargo adquiere un sentido sublime si el que la responde es Aquel que sí pudo elegir nacer y nació, Aquel que pudo escoger lugar y escogió un establo, en un país convulso y ocupado militarmente.

 

¿Qué vio Dios en este mundo para querer venir a él?? ….

 

Solo vio su Amor hacia esta creación a la que quiere redimir, solo vio que le necesitamos, que yo le necesito, que mi mundo le necesita y que solo Él puede hacer con los humanos y la esta tierra convulsa, una nueva creación que será libertada del ciclo Vida-Muerte, para entrar en la dinámica de la Vida Eterna, tal como el Apóstol Pablo lúcidamente nos dice:

"Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción (decadencia), a la libertad gloriosa de los hijos de Dios".  Romanos 8:21

 

Nos acercamos a la Navidad y lo hacemos con una sobrecogedora tristeza por las noticias de muerte, dolor y violencia, pero es en esta Navidad mas que nunca, cuando debemos proclamar que con ella llega la Esperanza, con ella llega el anuncio de un cambio radical para este mundo y para cada uno de nosotros -insignificantes ante las fuerzas naturales y la violencia, pero preciosos para Dios-.

 

Proclamemos que los dolores del hombre y del mundo ya no son dolores de muerte, son dolores de parto, vivamos en la esperanza y contagiémosla. ¡¡¡Con Jesús (Dios-Hombre) ha llegado y nacido la Nueva Vida, la que no muere, la VIDA ETERNA ¡¡¡

 

Gracias a ti Bendito Dios de Amor.

 

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