|


El cuerpo perfecto
Por Laia
Todos nosotros (hasta aquellos que dicen no preocuparse por su
físico), nos sentimos o nos hemos sentido “bombardeados”, de
alguna manera, por ése invento que llaman “el cuerpo
perfecto”. Nadie sabe quién lo inventó, nadie sabe exactamente
por qué, pero el caso es que alguien estableció un día que “el
ideal de belleza” debía tener unas medidas de escándalo,
llevar una talla 38 (y si es una 36, mejor), marcar unas
abdominales y unos músculos perfectos, y vestir “a la última”.
Mientras nos presentan todo esto, aquéllos que certifican
cumplir todos (o casi todos) los requisitos, intentan
“vendernos la moto” diciendo que “no hacen nada especial para
estar así”, que “comen de todo”, que “solo hacen un poco de
deporte a la semana”, y que sólo con eso son capaces de
lucirse sin un gramo de grasa y con un millón de gramos de
esplendor. Somos tan ilusos que nos lo creemos. Y, de repente,
nos introducimos en una lucha contra nuestra propia
naturaleza, y nos damos cuenta, entonces, que para conseguir
ése cuerpo perfecto que anhelamos, no podemos comer de todo,
tenemos que machacarnos en el gimnasio, tenemos que pasar
hambre y, sobre todo, fundir nuestras tarjetas de crédito con
cremas, productos adelgazantes, ropa, etc. La verdad es que,
mientras escribo esto me planteo cuál puede ser la ganancia
que obtenemos con todo esto…
Poco a poco, nos hemos ido convirtiendo en “adoradores de nuestro propio
cuerpo”, y sería bueno que nos preguntáramos “por qué”; por qué nos
dejamos llevar, por qué nos dejamos influenciar de esa manera, por qué
comenzamos a emplear tiempo y esfuerzo extras en algo que es perecedero.
No, no es cuestión de irnos a los extremos. La Biblia dice que “somos
templo del Espíritu de Dios” (1ª Cor. 3:16) y, como tal, hemos de
cuidarnos, por nuestra propia salud y bienestar físico y mental, pero… no
convertirlo en nuestro “objeto de culto”; hemos de cuidar nuestro aspecto
exterior, pero… no ser esclavos de él a través del consumismo, las
modas, la enfermedad. Lo que pretende el mundo de hoy va “contra natura”,
y… ¡estamos cayendo en la trampa! No existe “el cuerpo perfecto”, “las
medidas perfectas”,… ¿qué nos lleva a pensar que esto es verdad? O, mejor
dicho: “¿quién?”. No sé por qué me da la sensación de que es “cierto
individuo” el que está llenando nuestra mente de cosas que, lejos de
ayudarnos, está contribuyendo a destruirnos.
Solo hemos de echar un vistazo a nuestro alrededor, o quizá en nosotros
mismos, o en nuestras propias familias, en nuestro grupo de amigos,
porque las consecuencias no se han hecho de esperar: superficialidad
disfrazada de vacío, afán desmesurado por aparentar ser quien no somos,
trastornos de la conducta alimentaria, “locura” por las compras, abuso de
la cirugía estética, etc.
Todo esto dista mucho del verdadero propósito con el que Dios nos ha
llamado a vivir en esta tierra y, especialmente, a aquellos que somos sus
hijos. No estamos aquí para rendirnos culto a nosotros mismos, sino para
dar la gloria a Aquel que nos creó un día, e hizo que (más alto, más
bajo, más guapo, menos guapo, más gordo o más delgado) tú y yo seamos
especiales, y no por parecer lo que no somos, sino por ser como somos.
"
Déjanos tu comentario
|
 |