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¿Quieres Escucharme?
Por Marcos B.
Según
una reciente encuesta, un 87’9 % de los españoles destaca que
el principal problema entre padres e hijos es la falta de
comunicación.
No
tener en cuenta nunca las opiniones o sentimientos de tu hijo, no mostrar
comprensión hacia tus padres, no estar dispuesto a aprender o reconocer
errores ante alguien a quien has visto en pañales o pensar que “mis
padres no se enteran de nada”,… son comportamientos y actitudes que minan
la comunicación y se convierten en una fuente de conflictos, pudiendo
llegar a hacer la convivencia bajo el mismo techo en algo insoportable e
incluso traumático.
El
padre o madre “no comunicativo” suele mostrarse con una cierta pose de
superioridad moral y humana, utilizando el “honrarás a tu padre y a tu
madre” como “apoyo” para presentar sus planteamientos “ex cátedra”,
olvidando que con esta actitud probablemente provocarán lo que el apóstol
Pablo advierte: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros
hijos” (Efesios 6:4). Detrás de esta pose solemos encontrar, no
pocas veces, complejos de inferioridad.
El
hijo o hija “no comunicativo” (no me refiero al hijo que habla poco con
sus padres que, en ciertas edades, es algo habitual, sino al que no sabe
escuchar ni expresar sus ideas de forma idónea ante sus padres) suele
presentarse con descaro, muy poco respeto y manifestando pasiva o
activamente que sus padres no pueden aportarle nada en sus consejos,
advertencias, etc… Sin duda, no viven ni entienden el respeto que implica
“honrar” a sus padres.
¿Dónde puede haber comunicación cuando no hay más de uno dispuesto a
entender, comprender, ponerse en el lugar del otro, aceptar y
respetar?... La comunicación parte del supuesto de que haya dos o más
personas dispuestas a ello… si no las hay… llegan los problemas. Y…
desgraciadamente, estos abundan en nuestra sociedad… en nuestras casas.
Cuando Dios creó al hombre y la mujer, ambos mantenían una perfecta
comunicación con Dios. Pero ya sabes qué paso, ¿verdad?... Surgió un
problema tremendo. El hombre quiso dar la espalda a Dios, dejar de
dialogar cara a cara con Él y… la comunicación se rompió. La relación
quedó deshecha. Pero no quedó todo aquí. Dios, tomó la iniciativa y buscó
arreglar esta situación de tal manera que el hombre se implicara
activamente, tomara una decisión autónoma y libre, y viviendo las
consecuencias de esto.
En
todo problema de comunicación uno, el padre, o quizás el hijo, debe tomar
la iniciativa. Pero para que se solucione y se restaure la
comunicación es necesario que el otro, este dispuesto a ello por decisión
propia.
En
el problema surgido entre Dios y el hombre, este último era responsable
total del desprecio de dar la espalda a Dios. Dios lo sabía. El hombre
también. Pero Dios dio el primer paso entregándose y humillándose hasta
lo último para ofrecer una salida y la posibilidad de restaurar la
relación. Dios hecho carne, JESUCRISTO, se entregó para pagar por las
faltas del hombre, y así hacer viable un reencuentro con el verdadero
propósito de la vida del ser humano: mantener una buena relación y
comunicación con Dios.
“Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel
que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Dios, humanado en Jesucristo, es, ha sido y será, el mejor ejemplo vivo
de “ponerse en el lugar del otro” para hacer posible la restauración de
la comunicación.
¿Actúas según este ejemplo en tus relaciones?... ¿Has respondido
positivamente a la invitación de Dios para restaurar su relación
contigo?...
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