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La Mejor Política
Por M. Barraca
Benjamin Franklin, político, escritor y científico
norteamericano, en referencia a la política, manifestó una vez
que “la mejor política es la honestidad”.
En
algunos medios de la élite empresarial es frecuente escuchar hablar de “ética”
o de la confianza. “La gente quiere hacer negocios con personas
en quienes puedan confiar. Ese es el fundamento de la libre empresa”
– dijo Marvin Strair, antiguo presidente del Instituto de Contadores
Públicos Autorizados en una conferencia ante líderes empresariales.
Llama la atención tales aseveraciones acerca de la ética, sobre todo
después de ver escándalos corporativos de gran calado como el reciente
caso Parmalat.
Acerca de la confianza y honestidad en la política qué decir. ¿Dónde
queda esa confianza que nos pedían acerca de la fe en la existencia de
armas de destrucción masiva en Irak?... Podríamos preguntarle al Sr.
Aznar, pero parece que no somos dignos de respuesta.
Las
políticas humanas muchas veces se quedan en meras intenciones y
demagogia. Sobretodo si la honestidad y la verdad las dejamos en el
arcén. Esta triste realidad se contrapone a lo que se nos enseña en el
antiguo y nuevo testamento:
“Tendréis balanzas justas, pesas justas… Yo soy el Señor vuestro Dios”
(Levítico 19:36). Así es como el creador de todo lo que ves y no ves se
relaciona con nosotros. Con justicia y medida, sin engaños ni medias
verdades, sin intereses ocultos. Eso sí es verdadera honestidad y,
además, esta verdad y honestidad ha de caracterizar a los que han creído
en Jesucristo en todo lo que decimos y hacemos (Efesios 4:25-28).
Es
fácil hablar de políticos o de empresarios fraudulentos de talla
internacional pero… ¿somos honestos allí dónde estamos?... ¿nos alejamos
de actos no éticos de otras personas, o nos beneficiamos de ellos?...
La
honestidad no es solo la mejor política, sino que es la política de Dios
para todas las áreas de tu vida. Una vida honesta señala hacia Dios.
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