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Prohibiciones del cristianismo

Prohibiciones del cristianismo * Delirante


   “He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz” 

(Jorge Luis Borges)

 

   Un amigo me comentó que él veía el cristianismo como un cúmulo de prohibiciones que nos coartan la libertad y nos reprimen. Desde su postura, no podía comprender aquello de “si Jesucristo os libertare, seréis verdaderamente libres”.

 

   Percepciones aparte, hay que decir que es un dato objetivo el hecho de que la fe cristiana contiene prohibiciones. No nos engañemos. Aunque la esencia del mensaje evangélico sea la gracia, el perdón y la liberación, también existen mandatos y órdenes inherentes a la práctica cristiana. ¿Y cuáles son esas actitudes tan perniciosas que se nos prohíben? Pues son muchas, desde luego.    

           

   El poeta Pablo Neruda enumera algunas de ellas: “Queda prohibido llorar sin aprender, levantarte un día sin saber qué hacer, tener miedo a tus recuerdos. Queda prohibido no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, queda prohibido no demostrar tu amor, hacer que alguien pague tus dudas. Queda prohibido dejar a tus amigos. Olvidar a toda la gente que te quiere. Queda prohibido tener miedo a la vida y a sus compromisos, no pensar en que podemos ser mejores. Queda prohibido no creer en Dios y dejar de darle las gracias por nuestra vida...”, y así, como si de un Index Librorum Prohibitorum se tratara, se podrían añadir más y más prohibiciones de esta fe llamada originariamente El Camino (Hechos 19:9). Un camino de sentido único y lleno de señales circulares de borde rojo y fondo blanco.

 

   Pero hablando de caminos, y como si quisiese hablar del eslogan de un nuevo coche, dudo si mi amigo decía "represión" cuando en realidad quería decir "dominio y control" (¿por qué asemejan tanto la publicidad de un vehículo con los dones de Dios?...). Y es que el lenguaje es a veces traicionero. Pero la verdad es que sí que tenemos prohibiciones. Porque, a fin de cuentas, lo que prohíbe el evangelio es morir en vida, prohíbe inventarnos dependencias que nos anulen. Eso es lo que censura la Biblia; crear frustraciones inútiles, dar cabida al veneno del rencor y la amargura. Dios no nos permite ser ancianos de espíritu. Se nos tiene vetado, al igual que la servidumbre a la Grandiosa (también se puede escribir separado, como “Gran diosa”) Madre Indiferencia. No está permitido abdicar de la lucha contra el ego, ni contra nuestra mediocridad e hipocresía, ni...

 

   Pues sí, sí que mi amigo tenía parte de razón en su argumentación. Tenemos contundentes e inflexibles restricciones. Pero, claro, quien no quiera participar de ellas..., ¡puede hacerlo! Desde luego, no será Dios quien lo prohíba.

 

Artículo extraído de www.delirante.org

 

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