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¿Evasión o Sumisión? Por R. Rodrigo  


Miles de jóvenes, cada Viernes ó Sábado,  consumen grandes cantidades de alcohol y drogas de diseño, que hacen, según ellos, que el fin de semana o “week-end” se convierta en su particular “gran evasión”. Y esto no es patrimonio exclusivo de los jóvenes. Las estadísticas demuestran que muchas mujeres que ya han pasado su primera juventud y que trabajan dentro y fuera de casa, están escalando puestos, aceleradamente, en el desgraciado ranquing del consumo de alcohol. De los varones entre 30 y 50 años, creo que es tan obvio el consumo que no hace falta comentarlo.

 

Según todos los estudios realizados, la causa de este aumento del consumo de sustancias tóxicas, es el deseo de evadirse de todos los problemas,-al menos momentáneamente- que nos preocupan.

 

 Dicho esto, me gustaría hablar de otra evasión, no menos peligrosa que la comentada anteriormente, aunque los medios para lograrla no sean el alcohol y demás estupefacientes. Hablo de la evasión del control de Dios. “ESCAPISMO” de Dios. No creo que hable de algo muy descabellado. “¿Qué es el hombre para que lo engrandezcas, para que pongas en él tu corazón y lo visites todas las mañanas, y a cada momento lo pruebes?”  Job 7:17

 

Creo que el deseo de pasar un tanto desapercibido para Dios, no está totalmente ausente en el corazón de sus hijos.

 

En unos casos por el peso de las pruebas, en otros por la reiterada negación al compromiso, y en todos por la falta de sumisión y obediencia a Aquel que se sometió y obedeció a su Padre por amor a nosotros.

 

Al igual que Job, pero por motivos distintos, Jonás quiso huir de Dios y lo intentó. En ambos casos fue inútil. La realidad expresada por David en el Salmo 139:7  “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?”, debe hacernos desistir de todo intento de evasión de Dios; es más, debe provocarnos al gozo y a la paz cuando seguimos leyendo en el versículo 5 : “Detrás y delante me rodeaste, y sobre mi pusiste tu mano.” La idea que presenta el salmista es tremendamente gráfica: Las manos de Dios formando un cuenco y dentro de él cada uno de sus hijos.

 

Si hay alguna evasión que valga la pena, y la hay, es la que nos aleja del poder de Satanás. Sólo en los brazos amorosos del Padre, mediante el ejercicio de la fe, podemos y debemos descansar, seguros de que Aquel que dijo: “Yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: No temas, yo te ayudo.” Isaías 41:13, no se olvidará, sino que cumplirá su palabra.

 

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