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Colaboradores  de Dios Por R. Rodrigo  


Según el diccionario de la Real Academia Española, colaborador, es el compañero en la formación y desarrollo de una obra.

Hace unos días, conversando con un hermano sobre un tema en el que estábamos de acuerdo, para reforzar su argumento y a modo de ejemplo me citó un pasaje del libro de los Hechos, que me hizo pensar hasta el punto de llegar a esta reflexión.

 

En Hechos cap. 12 el escritor nos relata como Pedro es libertado de la cárcel por un ángel del Señor. Quiero hacer notar varias cosas: Fue el ángel el que despertó a Pedro, fue el ángel el que le quitó las cadenas, pero fue Pedro a instancia del ángel el que se tuvo que levantar, ceñirse, atarse las sandalias, envolverse en su manto y seguirle. Fue el ángel el que hizo posible que pasaran por la primera y la segunda puerta y llegasen a la puerta de hierro que daba a la ciudad la cual se les abrió por sí misma. Pero al llegar a la calle, el ángel se apartó de Pedro. ¿Por qué? Obviamente Pedro conocía el camino hasta la casa de María, la madre de Juan, y no le hacía falta la ayuda del ángel. Cuando llegó a la casa llamó a la puerta y una muchacha llamada Rode salió a abrirle. Pero tanto se asustó la muchacha que dejó a Pedro en la calle sin poder entrar. Pedro tuvo que aporrear la puerta para que la abriesen. Y es aquí donde quiero detenerme por un momento. Pedro fue liberado de la cárcel por un ángel, pero Pedro se hubiese quedado en la calle aporreando la puerta de María, si aquella muchacha no le hubiese abierto la puerta.

 

Enseñanza: El Espíritu Santo sólo hará aquello que nosotros no podamos hacer, nunca aquello que no queramos hacer.

 

Por tanto como colaboradores de Dios, debemos cumplir la parte de la tarea que Dios nos ha encomendado, no podemos ni debemos ser meres espectadores de la Obra, convidados de piedra cuya pasividad y negligencia empaña la gloria de Dios que Jesucristo quiere sea transmitida por medio y a través de su comunidad como depositarios de ella.

 

¡Pobres de nosotros, paralíticos de Betesda, pacientes expectantes esperando la agitación de las aguas! ¿Quién nos llevará hasta ella?

 

Acaso estamos diciendo con nuestra actitud, como el pueblo de Judá: No ha llegado aún el tiempo. ¿Cuándo es tiempo para vosotros? – dice Dios. ¿Sabemos lo que ocurre cuando no cumplimos la parte del trabajo que Dios está esperando que hagamos?... que Dios se busca otros colaboradores. Juan 15:2 .

 

No esperemos cuarenta años como el paralítico de Betesda, Jesús llegó a nosotros y nos dijo: ¡Levántate, toma tu camilla y anda!

 

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